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sábado 30 de agosto 2014
Aportes teológicos luteranos

Para Lutero, el concepto de conciencia libre siempre está vinculado a la Palabra de Dios. Y en la Palabra de Dios esta presente la denuncia profética y el anuncio liberador. Por eso, protestar significa ser un promotor del Evangelio, de la Buena Nueva y de denunciar, y a su vez, anunciar.


1. Justificación por la fe
2. Libertad cristiana
3. Libertad de Conciencia
4.La Iglesia
5. Sacerdocio Universal de todos los creyentes


1.Justificación por la fe:
El hombre pecador no encuentra la justificación ante Dios por sus obras buenas, que nunca son suficientes, sino al aceptar el inmenso regalo de Dios, quién acepta al hombre en su reino únicamente por gracia.
Este fue el descubrimiento teológico fundamental que Martin Lutero dinamizó en la gran obra: La Reforma
Lutero concluyó esto después de releer a Pablo, quien escribió en su carta a los Romanos: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley”.(Ro3.28).
Es por ello que la tesis de la justificación por la fe debemos entenderla como el mensaje del perdón gratuito de Dios, el cual nos revela la voluntad de Dios de conciliar la condición pecadora del ser humano ante El. Esta revelación está estrechamente vinculada con la salvación gratuita ofrecida por Dios, donde la fe se nos presenta como una respuesta favorable al plan de Dios: un “Sí” a la plenitud que El nos ofrece como regalo.
De ahí que para Lutero las obras que hagamos no son una condición para recibir la salvación, sino la consecuencia de ese “Sí” a Dios que lo hace en forma gratuita.
Bajo esta perspectiva, Lutero nos habla de que lo determinante en la relación del hombre con Dios es la postura fundamental de aquel, es decir, de la fe.
Para Lutero esta postura se expresa en hechos concretos. El considera que la verdadera fe genera obras en bien de los demás.
Sin embargo, lo decisivo es que estas obras no son motivadas por un cálculo egoísta de la salvación, sino, como que: “ vienen del fondo del corazón”.
Lutero percibió que esta doctrina es fundamental para la Iglesia, ya que cuando la predicación se fundamenta en este principio, puede quebrar la arrogancia de los poderosos y confortar a los afligidos.
Al respecto, Walter Altmann, moderador del Comité Central del Consejo Central Mundial de las Iglesias (CMI), advierte: “... la iglesia esta tentada a hacerse meritoria de la Gracia de Dios y a colocarse con intermediaria entre Dios y los hombres, receptora de las obras meritorias de los hombres y transmisora de la Gracia de Dios”.
De ahí, precisamente, nace la seguridad institucional buscada por la iglesia y el autoritarismo eclesiástico.
La Iglesia que vive en la “Justificación por la fe”, proclamará gratuitamente el perdón de Dios, expuesta magistralmente por Lutero en sus 95 tesis; la cuales serán ejes dinamizadores e inicio del clímax del proceso que conocemos como La Reforma.

2. Libertad cristiana:
Acerca de la fe cristiana, Lutero enseñaba que hay dos mitades acerca de la comprensión bíblica, sobre las obras, la fe y las consecuencias para la salvación. En este sentido, Lutero afirmaba que hay que mantener la diferencia entre personas y sus obras.
Para Lutero el cristiano es señor de todas las cosas y no está sumiso a nadie. Por eso para la salvación las obras no tienen valor, pues Dios no quiere obras exteriores de la persona, sino que según Lutero, Dios quiere alcanzar la persona integralmente..
A partir de la justificación por la fe, Dios nos anuncia la salvación como obra exclusiva de Jesucristo, sin méritos o obras de nuestra parte. Se deduce entonces que las obras como práctica meritoria no tienen sentido, pues no son las obras que nos van a salvar.

3. Libertad de Conciencia:
Lutero afirmaba que mientras una conciencia atribulada puede llevar a la desesperanza y al auto-aniquilamiento, una conciencia liberada por la Palabra de Dios y vinculada a ella, tiene el deber, la obligación y el coraje de protestar.
Para Lutero el concepto de conciencia libre siempre está vinculado a la Palabra de Dios, y a su vez, en la Palabra de Dios esta presente la denuncia profética y el anuncio liberador.
Por eso para Lutero protestar significa ser un promotor del Evangelio, de la Buena Nueva, de denunciar pero también anunciar.
Aunque a menudo se ha querido decir que Lutero favoreció el ausentismo social de los cristianos queda demostrado que las obras y la entrega al prójimo eran para Lutero una expresión viva de la fe, una entrega desinteresada y solidaria.

4. La Iglesia:
Durante el siglo XVI, las prácticas como la venta de indulgencias, hacían aparecer a la iglesia como intermediaria en la salvación. Bajo esa perspectiva se cometían innumerables abusos de autoridad y corrupción, vendiendo la idea de que el pueblo creyente se “asegurara” su vida celestial.
Con respecto a estas prácticas Lutero afirma que la comunidad de fe existe en razón del testimonio del evangelio, al servicio de los demás.
Por lo tanto, para Lutero la iglesia no debe convertirse en el centro de la fe, sino en instrumento para proseguir la misión universal de Dios.
Es por ello que el anti-ecleseo-centrismo de Lutero no debe entenderse como una negación total a la estructura de la iglesia, pues él en realidad sólo se opuso a situar la iglesia como el última autoridad de la comunidad cristiana.
Por esa razón Lutero propuso que las Sagradas Escrituras estaban por encima de la autoridad eclesial, e incluso papal. En consecuencia criticó fuertemente el endiosamiento de la figura papal.
Por ejemplo, en su carta titulada “ Manifiesto a su majestad imperial y a la nobleza cristiana de Alemania sobre la reforma del cristianismo” de 1520, Lutero exhortó a liberarse de las cadenas que ataban al estado con Roma y por las enormes sumas de dinero que le extraían al pueblo.
Asimismo, Lutero advirtió que el papa había llevado a magnificarse a tal punto que era considerado superior a un emperador.
En este sentido Lutero difirió del rol asignado a la autoridad eclesiástica, y afirmó que la iglesia debería ser una asamblea de todos los creyentes donde se predique fielmente el evangelio y se administre los santos sacramentos de conformidad con este.

5. Sacerdocio Universal de todos los creyentes
Para Lutero el centro de reflexión y acción lo es el Evangelio de la justificación por la gracia mediante la fe.
De ahí que la Iglesia no esta determinada por su organización, estructura o jerarquía, sino por el Evangelio que convoca al pueblo de Dio. Por ello se debe enfatizar el testimonio profético y apostólico y no las estructuras ministeriales. Para Lutero todos somos sacerdotes y laicos porque todos somos miembros del pueblo sacerdotal.
En los Escritos Confesionales Luteranos la doctrina de la justificación afirma que el ministerio esencial es el de Jesús, y que ninguna forma institucional de este ministerio es necesaria para la salvación. Se cree que Dios instituyó el ministerio de la proclamación de la palabra y la administración de los sacramentos, y que el ser humano lo organizará de maneras diferentes para cumplir la misión que nos encomendó.
Para conseguir esta fe Dios ha instituido el oficio de la predicación, es decir, ha dado el evangelio y los sacramentos.
Asimismo, en el bautismo que todos recibimos en común, recibimos también el “sacerdocio universal de los creyentes “.
Por otra parte, el sacerdocio no es un sacramento ni tiene carácter indeleble. La iglesia como comunión de los fieles, confiere a cada uno de sus integrantes la posibilidad de vivir el sacerdocio, aún cuando es necesaria la delegación autorizada de funciones especiales: el ministerio de la palabra y de los sacramentos.
Ello no implica tal superioridad jerárquica por encima de otras tareas que debe asumir el resto de la comunidad creyente, pues para Lutero el ministerio es un servicio que consiste en predicar y alimentar la fe con el sacramento de la predicación, y no confiere ningún poder espiritual especial que no sea dado a todo cristiano por el bautismo.
El acto de ordenación no es más que un ritual por el cual la comunidad de fe celebra públicamente la llamada y la vocación de la persona al ministerio público de la Palabra y Sacramento.
En tanto que hemos recibido la gracia mediante la fe, estamos llamados, a pregonar el evangelio, pero nos advierte que ninguna forma institucional en particular de este ministerio divino es necesaria para la salvación, ni es una garantía del evangelio.

 

 

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